lunes, 20 de octubre de 2025

Como tú o yo

Lo encontré una noche, bajo el puente, mientras la ciudad dormía.

Sostenía una taza de cartón vacía y miraba las luces como si fueran estrellas lejanas.

—¿Tienes fuego? —me preguntó con voz ronca.

Le presté mi encendedor. Nuestras manos se rozaron, y sentí el frío en su piel.
—Gracias —dijo—. No todos se detienen.

Me quedé allí, sin saber qué responder. Había pasado tantas veces por ese mismo lugar sin verlo… o sin querer verlo.

Hablamos unos minutos. Me contó que antes tenía trabajo, casa, familia. Que un mal día bastó para perderlo todo. Pero no pedía lástima; solo conversación.

Cuando me fui, me dijo algo que se me quedó grabado:
—No soy distinto a ti. Solo tuve menos suerte.

Desde entonces, cada vez que cruzo el puente, dejo una taza de café caliente en el mismo rincón. A veces él está, a veces no. Pero cada vez que lo hago, recuerdo que la línea entre su mundo y el mío es tan delgada como una moneda lanzada al aire.

Porque al final, él podría ser yo. Y yo, podría ser él.

POR SI VUELVE AQUELLAS HORAS

Se reconocieron antes de verse del todo. Fue algo en la manera de detenerse, de mirar alrededor como si buscaran una salida conocida. Los añ...