jueves, 22 de agosto de 2024
Olvido
domingo, 18 de agosto de 2024
CRECE
viernes, 16 de agosto de 2024
ENTRE AGUA Y TELA
Acabo de ducharme, y las gotas de agua aún recorren lentamente las curvas de mi cuerpo, deslizándose con una caricia sensual. Me miro desnuda frente al espejo, y hoy, en lugar de encontrar dureza en sus reflejos, me deleito en la danza de una gota que cae suavemente desde mi cuello, atraviesa mi pecho y desciende por mi cintura, siguiendo el curso de mi piel con una delicadeza embriagadora.
El calor en la habitación es intenso y envolvente. Me recuesto en la cama, permitiendo que el aire acondicionado ofrezca un refrescante alivio. En esta mezcla perfecta de calor y frescura, disfruto de la sensualidad del momento, dejando que cada detalle me envuelva en una experiencia de profunda conexión y placer.
Mientras elijo el vestido que me pondré hoy, me doy cuenta de que el acto de vestirse con intención puede ser tan importante como desnudarse. Cada prenda y movimiento tiene el poder de revelar y acentuar mi sensualidad y carisma. El proceso se convierte en un ritual personal, una forma de expresar mi identidad y mi estado de ánimo.
Finalmente, cuando mi cuerpo se desliza en el vestido, siento cómo se adapta a mis formas como una segunda piel. El ajuste es perfecto, como un guante que encaja con precisión en su mano. Esta sensación de armonía y ajuste perfecto refuerza mi confianza y elegancia, transformando el acto de vestirme en una experiencia tan placentera como la de desnudarse.
martes, 6 de agosto de 2024
USTED ESTÁ AQUÍ
Recuerdo, cuando era una pequeña niña, estar en un centro comercial e ir agarrada de la mano de mi madre. Seguramente vi algo que captó mi atención y me fui corriendo en su búsqueda soltándome de su mano.
No me acuerdo del objeto en concreto. Recuerdo regresar al mismo sitio y agarrar nuevamente la mano, mientras gritaba: ¡Mamá! ¡Mamá!…y, antes de terminar la frase, mirar hacia arriba y comprobar que la madre que había soltado no era la madre a la que me había enganchado.
Una sensación de confusión, desorientación y miedo me invadió. Intenté visualizar donde estaba mi madre sin éxito. Las ganas de llorar brotaron de mi interior al sentir que ese despiste podría costarme el no volver a ver a mi madre verdadera de nuevo.
La desconocida que sostenía mi pequeña mano resultó ser bastante amable y me pregunto si me había perdido.
Con los ojos ya llenos de lágrimas, asentí lentamente ante la pregunta. Mi mente seguía atrapada en el pánico, pero su voz, tranquila y suave, comenzó a disipar parte del miedo. Ella se agachó a mi altura, tratando de parecer menos imponente, y con una sonrisa tierna me dijo: "No te preocupes, encontraremos a tu mamá.”
La desconocida no soltó mi mano mientras me llevaba hacia el centro de información del centro comercial. Cada paso que dábamos parecía un eco en mi mente, un recordatorio de que había cometido un gran error al soltarme. Sin embargo, su presencia me dio algo de consuelo, una pequeña chispa de esperanza en medio de mi desesperación.
Cuando llegamos al mostrador de información, el hombre detrás de él también fue amable. Le explicó a la mujer que lo mejor sería hacer un anuncio por los altavoces del centro comercial. Mientras lo hacía, me acarició la cabeza y me dijo que no tardaríamos en encontrar a mi mamá. Pero a pesar de sus palabras tranquilizadoras, no podía evitar que las lágrimas se deslizaran por mis mejillas.
Pocos minutos después, que a mí me parecieron eternos, escuché una voz familiar entre la multitud. “¡Cristina, aquí estás!” Era mi madre, corriendo hacia mí con el rostro preocupado. Al verla, todas las emociones que había estado conteniendo se desbordaron, y me lancé hacia ella, sollozando en sus brazos.
Mi madre me abrazó con fuerza, sus manos aún temblaban ligeramente mientras me decía que todo estaba bien. Sentí su perfume, su calidez, y supe que estaba de vuelta en casa, aunque estuviéramos en medio de aquel inmenso centro comercial. La desconocida que me había ayudado nos observaba con una sonrisa de alivio, y mi madre le agradeció antes de que ella se despidiera y se alejara.
Nos quedamos un momento allí, abrazadas, hasta que mi llanto comenzó a calmarse. Mi madre se agachó para mirarme a los ojos, limpiando mis lágrimas con el pulgar, y me dijo: "Nunca te sueltes de mi mano, ¿de acuerdo?" Asentí con fuerza, demasiado agotada para hablar, pero entendiendo en lo profundo de mi corazón lo importante que era esta promesa.
Regresamos a casa ese día sin más incidentes, pero la experiencia dejó huella en mí. Aprendí que, aunque el mundo es grande y lleno de maravillas, también puede ser confuso y aterrador.
Años después, me encontraba muy desorientada en una gran ciudad delante de uno de esos grandes mapas descoloridos por el sol que tienen una chincheta con la frase:
“Usted está aquí”
Recordé la mano de mi madre y la de la desconocida. Aunque ahora todo estaba en mis manos.
Así que intenté comprender cómo había llegado hasta allí, hacia dónde tenía que ir y cómo podría volver a encontrar mi camino. Los edificios altos y las calles laberínticas se extendían ante mí, y todo parecía una maraña interminable de asfalto. La gente pasaba a mi alrededor, inmersa en sus propias rutinas y asuntos cotidianos, y yo me sentía como un punto minúsculo en el vasto universo de actividad.
De repente, una mujer se detuvo a mi lado, notando mi confusión, sonriéndome comprensivamente y en silencio, señaló el mapa y luego la dirección en la que debía caminar. Aquella calidez en su mirada y la sencillez de sus gestos me recordaron a mi madre y a la desconocida que me había ayudado en mi infancia, la fusión de ambas mujeres dándome un nuevo sentido de esperanza. Le agradecí y seguí su indicación, empezando a tomar conciencia de los pequeños detalles a mi alrededor.
Mientras caminaba, me di cuenta de que la desorientación era sólo una parte más del viaje. A cada paso, las calles se volvían menos intimidantes y más familiares. La ciudad, que antes parecía un laberinto impenetrable, comenzaba a revelar sus secretos. Aprendí a mirar más allá del mapa dejándome llevar por mi intuición, observando los signos, viendo las señales y siguiendo las huellas de la vida cotidiana que me guiaban sutilmente.
Y así, paso a paso, el sentimiento de estar perdida se transformó en una nueva manera de encontrarme a mí misma entre tanto ruido.
lunes, 5 de agosto de 2024
PARAÍSO DEL PLACER
Cuarenta y tres grados en las calles de mi ciudad son una verdadera tortura. A veces una sobreexposición al calor, la luz y el sol hacen querer optar por un recogimiento. Me gusta estar en la cama de mi habitación con las persianas echadas, semidesnuda con el aire acondicionado erizando mi piel y con un buen compañero de cama, un libro.
El calor de la tarde es implacable, y mientras el sol se posa alto en el cielo, siento cómo su fuerza se filtra por cada rincón de la ciudad, pero en mi habitación, todo es diferente. Con las persianas entrecerradas, la luz del sol se cuela en líneas finas, acariciando mi piel como dedos invisibles que exploran con suavidad. Estoy tumbada en la cama, mi cuerpo apenas cubierto, y siento cómo el aire acondicionado danza sobre mí, su frescura recorre cada centímetro de mi.
Te imaginas tumbado junto a mí, sintiendo cómo el aire fresco se desliza por tu piel, trazando un mapa de placer que sigue cada centímetro de tu cuerpo. Cada inhalación llena tus pulmones con un aire que es tan fresco como un susurro, tan suave como una caricia. Al exhalar, te das cuenta de cómo tu cuerpo se relaja un poco más, permitiendo que la tensión del día se disuelva en el aire, dejando espacio solo para la calma y la sensación de bienestar.
Mientras estás aquí, en esta habitación fresca y silenciosa, te imaginas el suave roce de tu ropa, cómo cada movimiento, por pequeño que sea, despierta una conciencia más profunda de tu cuerpo. Las sábanas bajo de ti son tan suaves, tan acogedoras, que parece que se amoldan perfectamente a cada contorno, envolviéndote en un abrazo que te hace sentir completamente a salvo, completamente en casa.
Piensas en cómo cada palabra que lees en el libro en tus manos tiene un ritmo, un flujo que se alinea perfectamente con el latido de tu corazón, con la cadencia de tu respiración. Es como si las palabras se deslizaran dentro de ti, cada una cayendo en su lugar, creando un mosaico de sensaciones que se despliega en tu mente. Y a medida que lees, te das cuenta de cómo te hundes más y más en la historia, en la atmósfera de la habitación, en la sensación de estar completamente en el presente, completamente en sintonía con tu cuerpo y con el placer de este momento.
Ahora, con los ojos cerrados, puedes sentir el peso del libro sobre ti, como una presencia que te ancla, pero al mismo tiempo, te libera. Es un recordatorio de que aquí, en este espacio, puedes ser quien eres, puedes dejar que las máscaras caigan, y simplemente disfrutar de la sensación de estar vivo, de estar en contacto contigo mismo, con cada pensamiento, con cada sensación que surge.
Te permites disfrutar de este momento, sabiendo que no hay nada más que necesites hacer, que no hay otro lugar donde debas estar. Sientes cómo cada suspiro te lleva más profundo en esta sensación de calma, de deseo, y te das cuenta de cómo el calor exterior se convierte en una especie de contraste que solo realza la frescura de la habitación, la suavidad de las sábanas, la caricia del aire recorriéndote.
Y en ese recogimiento, en esa intimidad que has creado para ti, te sientes completamente libre. Libre para explorar tus pensamientos, tus anhelos más íntimos, para dejar que tu mente viaje a donde quiera ir. Porque aquí, en este refugio personal, el mundo exterior se desvanece, y solo quedas tú, tu cuerpo, y esa sensación deliciosa de estar plenamente en el presente, plenamente en sintonía con cada latido, con cada susurro de placer que emerge desde lo más profundo de ti.
UMBRAL
La vida se conforma de incertidumbre, giros y cambios.
Escuché una reflexión vital en la radio que me giró la actitud, me voló el pensamiento e impactó en mi subconsciente y en mi corazón.
“Imagine que tu presente fuera una puerta:
¿Usted estaría entrando o estaría saliendo?
¡Piénselo!”
Que cada persona saque sus propias conclusiones y si quiere la comparta en los comentarios.
A continuación, compartiré las mías:
El presente siempre está mirando hacia el futuro.
Por lo tanto, la dirección siempre fluye hacia delante.
La actitud más útil sería pensar que estamos entrando a lo que nos va deparando o trayendo la vida. Desde esa posición, vamos de frente a lo que está por llegar. Se ven las cosas desde otra perspectiva, porque encaramos situaciones de una manera novedosa, ligera y positiva.
Sin embargo, como suele decir el refrán “Del dicho al hecho hay un trecho”...Todos tenemos un pasado del que estamos saliendo el cual nos forja continuamente el presente al que nos encaminamos.
Sinceramente, lo único estable, inamovible y no cambiante que tenemos es el pasado, pero hasta los recuerdos son volátiles, ilusorios y engañosos.
Supongo que, además, también depende de muchas circunstancias y estados, que nos sintamos que estamos entrando o saliendo por la puerta. Supongo que depende de las tendencias de cada uno:
El aferrarse al pasado conocido o el enfrentarse al futuro incierto y cambiante.
Sin bien, debo reconocer que hasta hace poco, caminaba hacia el futuro mirando a mi pasado porque éste era una zona confortable y conocida. Iba entrando del revés y con una perspectiva algo nostálgica, mirando lo que dejaba atrás y no observando lo que estaba por llegar.
A raíz de escuchar estas palabras en la radio estuve reflexionando y me di cuenta que no sabemos lo que nos depara el futuro, pero caminar al revés es muy cansado, triste y tienes que tener mucho cuidado de no tropezarte o caerte. Además de ir cargando con todas las personas que fuiste y las que no fuiste.
¡Eso era un lastre muy pesado!
Antes de cerrar mi pasado hice un balance de él, me quedé con el aprendizaje y la experiencia positivas que me han ayudado a ser quien soy a día de hoy y me he perdonado por todas las personas que me hubiera gustado ser y que no he sido.
Desde este punto decidí partir dejando atrás lo que ya no tenia razón de ser, ni de estar.
El presente siempre es un regalo, un comienzo.
Mi comienzo es andar entrando encarada a lo que esté por llegar.
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