sábado, 15 de febrero de 2025

PIENSO MESA Y DIGO SILLA

A veces, cuando pienso en ti, me cuesta encontrar las palabras exactas. No porque no quiera decirlo, sino porque el amor, el tipo de amor que siento, no cabe en las estructuras que usamos para describirlo. Pienso en ti y en todo lo que significas, y, sin querer, me salen palabras que no entiendo del todo, como si la mente quisiera decir una cosa y la boca dijera otra. Es como cuando, estando frente a una mesa, tu mente divaga y, de pronto, sin razón aparente, dices "silla". La relación entre ambas cosas es tan simple, tan inesperada, pero al mismo tiempo tan cierta.

Así, te pienso. Pienso en cómo, al mirarte, todo lo demás se desvanece. En cómo la mesa que está frente a mí pierde su sentido, y la silla en la que me siento, que parece un objeto cotidiano, se convierte en algo esencial. Es como si, al mirarte, todo lo que soy, lo que tengo, lo que hago, se volcara hacia ti. No es una idea clara, no hay un plan definido, solo una presencia constante que me hace sentir que no hay diferencia entre la mesa y la silla, entre el pensar y el decir. Son las mismas cosas, están hechas de lo mismo, y sin embargo, cada una ocupa su lugar, su espacio.

A veces me encuentro en medio de una conversación, y en vez de hablar de lo que quiero, digo algo completamente diferente. No es un error, no es un desliz. Es solo que, de alguna manera, las palabras se cruzan, como si estuvieran buscando algo más profundo. Como cuando estás frente a la mesa y, en vez de centrarte en lo que tienes delante, tu mente se escapa hacia un rincón, hacia lo que no ves pero sientes. Es en esos momentos cuando me doy cuenta de que, a veces, el amor no tiene que ser comprendido para ser vivido. No tiene que ser dicho de una forma perfecta. Pienso mesa, y digo silla, porque lo que importa no es cómo lo dices, sino lo que siento, en lo más profundo.

Es curioso, porque cuando te tengo cerca, ya no importa qué palabra use. No me importa si digo "silla" o "mesa", si te hablo o me callo. Lo que cuenta es que estás, aquí, a mi lado. El amor no está en lo que decimos, sino en lo que estamos dispuestos a compartir, en lo que se siente entre una palabra y la siguiente. Y cuando te miro, me doy cuenta de que no necesito decir nada más. Pienso en ti y, sin querer, digo silla, porque en ese momento, simplemente, todo se acomoda a tu lado. Y es suficiente.

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