No seré rosa roja en una tumba,
ni lágrima de una tarde gris,
prefiero latir como flor de lis
en un pecho que nunca sucumba.
Que mi esencia sea un faro en la tormenta,
en la memoria de quien me recuerda,
como un eco que nunca se pierde,
más allá de la sombra y la cuenta.
Que mi nombre sea un susurro en el viento,
un grito sereno en el firmamento,
donde la memoria nunca se extinga,
y mi esencia en el aire se anide y distinga.
Que no se borren mis huellas en la arena,
sino que perduren en la mente y la pena,
como un relicario de luz en la sombra,
que el tiempo y el olvido no deslumbra.
Que en cada corazón mi presencia sea,
una llama que nunca se apaga ni se alea,
un faro eterno en la noche más oscura,
que mi espíritu en la distancia perdura.