domingo, 6 de octubre de 2024

EL CIRCULO PERFECTO

Son las cinco y veinticuatro de la mañana, estoy sentada frente a mi ordenador escribiendo estas lineas, por mi ventana observo que aún es de noche y las farolas de la calle siguen encendidas. Las hojas de los naranjos se mecen con la brisa y mi gato que está enroscado sobre la silla permanece dormido. 


Me gusta la quietud de una calle que aún no se ha vestido para el nuevo día, un nuevo amanecer que aún no ha despuntado, pero ya se percibe palpitante en el silencio roto tan solo por el ruido de las teclas al escribir estas palabras.


Pronto amanecerá. Hubo un tiempo en el que le tenía miedo a la muerte y a los finales porque los creía cargados de dolor, sufrimiento y pérdida. 

Sin embargo, quien se haya tirado una noche entera sin dormir comprenderá que los inicios y los finales suelen ser tan parecidos e indistinguibles  como el atardecer y el amanecer de un mismo día.


Todo inicio conlleva un final y a todo final le prosigue un nuevo inicio, es un círculo perfecto.  


El horizonte aún se oculta tras la oscuridad, pero sé que no pasará mucho tiempo antes de que el primer rayo de sol atraviese las nubes y pinte el cielo con tonos de rosa y dorado. Hay algo casi mágico en esos instantes previos al amanecer, una promesa implícita de renovación. La luz volverá a inundarlo todo, devolviéndole a la ciudad su ritmo habitual. Pero en este intervalo, antes de que el día reclame su espacio, parece que el tiempo mismo se detiene.

A veces me pregunto si este silencio, esta pausa entre la noche y el día, no es también un reflejo de nosotros mismos. Pasamos por etapas de oscuridad, de incertidumbre, donde el futuro se siente lejano y borroso. Y sin embargo, aunque no lo veamos, siempre hay un amanecer esperando. El miedo a los finales se va desvaneciendo paso a paso cuando comprendes que todo es parte de un ciclo inevitable, pero no por ello menos hermoso. Incluso la muerte, que antes me parecía un abismo insondable, ahora la percibo como parte del flujo natural de las cosas, no como un cierre definitivo, sino como una puerta hacia algo nuevo, desconocido, pero igualmente necesario. 

POR SI VUELVE AQUELLAS HORAS

Se reconocieron antes de verse del todo. Fue algo en la manera de detenerse, de mirar alrededor como si buscaran una salida conocida. Los añ...