Dejar irse.
No porque el amor se haya acabado,
sino porque, a veces,
el amor verdadero sabe cuándo ya no puede retener.
Y entonces,
en vez de cerrarse con llave,
abre la puerta.
A veces, la puerta tiene dos ejes:
uno para entrar,
otro para salir.
Y hay que saber cuándo dejar que gire.
A veces,
la forma más pura de amar
es no detener
a quien necesita seguir su camino,
incluso si eso significa
que tú te quedas al otro lado.
Porque el amor
no siempre construye raíces;
a veces, construye alas.
Y en ese vuelo que no es tuyo,
también estás tú.
Aunque nadie más lo vea.
